lunes, enero 25, 2010

Escribo sin sonido, me suena a tremendo ritmo.

Afectado por todo, esperándote en silencio prendo el aparato ortopédico este y comienzo a cabecear. Trastocado y tapado, un poco desairado, olvidado y probablemente anulado, no te reconozco sin tu protector bucal. Pierdo el interés en mejorar mi escritura, debería devorar piedras enteras y afilar los dientes delanteros, podría amenazar a mi dedos para obligarlos a apretarte fuerte. Pesa, cada noche flota menos, recurro a la palabra mente. No demente, algo inminente como pluma fuente o quizá carro alado.

No te escuche decir adiós, esta vez no dijiste más y me parece que ahora que me invento los detalles es probable que comience a dibujar de nuevo. Si, es el fuego lo que me divierte, el insistir en encontrar rimas tan fáciles y naturales como esas canciones que nunca escrito y sé tampoco te gustarían oír de mi. Llevo rato esperándote, porque he de encarar que tú sin enterarte me he puesto a rezar. Tomaré un avión, probablemente deje de usar esa terminación. Si no llego, es que no hice el vuelo, si me mato es que ya no quise saber de mi. Si te invento, es que esta vez decidí hacer algo por mi. Si me duermo ahora es probable que mañana tampoco sepa de ti. Es que te estoy viendo y sigues sin saber de mi. Es por eso que ahora estoy decidido a partir, mi cabecera me relata historias fantásticas tejidas de lencería, es todo menos putería lo que quisiera relatarme pero es una constante que ahora que duermo menos he encontrado el modo de hacer que el día dure menos. Espero ya callarme y olvidarme del asunto, creo que manejando encuentro todo absurdo.

En fin. Esta noche he decidido dormir al fin. Encontraré placentero saber que te has tocado pensando en mi, pues nada me da mas coraje que sentir como desperdicio mi tiempo escuchando historias sobre mi.

No hay comentarios.: