No pienso algo más doloroso que frenarme la ganas de llamarte. He pensado en rogarte pero hace años descubrí que es la peor manera de darse a entender. Duele cada noche más. Te extraño cada noche más. Pierdo un tanto de esperanza cada que me siento a pensar en por qué decidiste parar de golpe. Sólo sé que me siento confundido, ni siquiera me siento en mis cabales para saber qué quiero hacer, no quiero intentar nada porque me resulta más grande el miedo de echar a perderlo aún más. Estoy parado frente a la ballena, siento que ya me tragó y sinceramente si quisiera morir tragado. Me hace falta valor y no lo encuentro porque no le veo caso al vivir a medias, no le veo caso a vivir para mi pues puede que este mal pero aún sigue siendo mi bandera el compartir.
Ahora evito dormir, constantemente te sueño y el despertar y recordar todo de golpe se ha convertido en una especie de agonía pastelera. Comienzo a darme lástima pero tampoco sé cómo reaccionar antes la mirada de quienes me notan ausente.
Se me han quitado las ganas de soñar. Tengo miedo de una madrugada en la angustia sentir una punzada que acaba de una vez con mi malestar. No estaría mal pero hasta para morir me he descubierto cobarde. Quiero dormir bien, quiero adelantar el tiempo y quitarme este dolor de estómago que me provocan los nervios de tener que dormir.
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