¿Qué si te tomo en cuenta? Pues hasta ahora divido esa sensación en dos; está ese suspirar que tendré que dejar escapar cada que despierte en esa enorme ciudad y me descubra extrañandote, explorando la ciudad y durmiendo con el temor de morir en un temblor. Está ese suspirar que tendré que dejar escapar cada que despierte en esa enorme ciudad y me descubra abrazándote, preparando café y el desayuno, bañando a un ejército de pequeñas bestias rodantes y besándote en la frente antes de cruzar hacia otro plano delegscional. Creo que de ambas formas suspiro al igual que destilo miedo. Padezco de un temor gigante ante la probabilidad de que los átomos de magia decidan que tendremos algo en común durante lo que nos quede por vivir. Le tengo miedo a que la vida se nos vaya en pelear, en suspirar, en hacer planes. Le tengo miedo al deber ser.
Es un buen café pero creo estaría bien dejarlo de tomar para dejarnos llevar.