jueves, agosto 29, 2013

Sin crédito por el making.

Y aunque no estén claras las cuentas y haga de cuenta que el paño funciona bien en tus vidrios de noche, suspiro entrecortado porque me imagino corriendo atolondrado por el tamaño de tus perros guardianes. Con el tiempo las sonrisas van saliendo en los viajes en bus, hoy se conjugaron los audífonos, el café y la idea de verte. Mucho tiene que ver tu paleta de colores, hacia el cyan y un azul turquesa. Tienes tantos colores que es imposible que huelas mal, que tus cachetes desperdicien un gramo de sabor a vainilla. Tenía tiempo que no sonreía y eso me ponerme de cabeza por una extraña comezón en el estómago. 

¿Qué si te tomo en cuenta? Pues hasta ahora divido esa sensación en dos; está ese suspirar que tendré que dejar escapar cada que despierte en esa enorme ciudad y me descubra extrañandote, explorando la ciudad y durmiendo con el temor de morir en un temblor. Está ese suspirar que tendré que dejar escapar cada que despierte en esa enorme ciudad y me descubra abrazándote, preparando café y el desayuno, bañando a un ejército de pequeñas bestias rodantes y besándote en la frente antes de cruzar hacia otro plano delegscional. Creo que de ambas formas suspiro al igual que destilo miedo. Padezco de un temor gigante ante la probabilidad de que los átomos de magia decidan que tendremos algo en común durante lo que nos quede por vivir. Le tengo miedo a que la vida se nos vaya en pelear, en suspirar, en hacer planes. Le tengo miedo al deber ser. 

Es un buen café pero creo estaría bien dejarlo de tomar para dejarnos llevar. 


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