viernes, abril 14, 2006

Viernes Santo

A decir verdad, ese día me sentí bastante mal. Aún lo recuerdo, me alivianó bastante su visita. Ella vestía una falda café; aunque claro, puede que la infección de mi estomago me haya hecho confundir los colores. Se veía bastante bien. Su rostro iluminó el cuarto, le dio un nuevo color al mio. Aún sigo enamorado de su sonriza, siempre la extraño. De blusa blanca, estampado de letras verdes, aquel que llevaba cuando hizo algo por mí la primera vez. Tenis azules, aquellos adidas que no terminan de gustarme y tal vez gustarle, los tines que siempre me han negado ver los dedos. Cuanto quise abrazarla, cuanto quise cambiar el día, cuanto quise que se quedara toda la tarde. Me abrazó, me deseó muchas felicidades, me dio una bolsa la cual contenían muchos regalos. Me regaló Pulp Fiction, Kill Bill 1 y 2, la neta, un gran regalo. Una revista que aún no leo, pero que en un par de acciones aceleradas me ha dado por mirar. Una linda masita Silly ...algo, venía en un huevito blanco, la cual debido a un accidente cambió su color de blanco a rosa. Una enorme barra de chocolate, la cual tardé 15 días en podermela terminar. Dos cd's grabados, conteniendo una prometedora selección de tracks, todos insertados para el futuro camino motorizado.

Ella inquietada hablaba por teléfono, prometió quedarse un par de horas más de los 5 minutos planeados. Creo estaba molesta, tal vez no quería verme en cama, yo no quería estarlo. Creo que ella suele hacer eso, se enoja de esa manera, lo he estado pensando. Pero esa tarde, sería la única visita (no familiar) que recibiría. Ella me regaló solo tres besos, no fueron los que había estado planeando para tan especial día. Ella se recostó junto a mí, hablamos poco, dormimos un poco más. Me dejó un pastel que comí hasta el tercer día, bastante rico y especial. Esa niña, la que me visitó en mi cumpleaños aún ronda en el ambiente. Hoy la recordé bastante. Recordé mucho ese día y como siempre, ella no lo sabrá y puede que por error al leer esta entrada. Aún siento que me robaron ese día, aún siento que me roban a mi mejor amiga, aún siento que me han robado noches enteras con su compañía, aún siento que las me debe tantas horas en la oscuridad parcial que produce mi lámpara de cuarto. Aún percibo el olor de aquel día, esa tarde de enero, esos pocos minutos que quisiera recordar de aquella ocasión. Nunca le agradecí su visita, nunca le he dicho que la odié por haberse ido; nunca le he dicho que la extraño al irse, nunca le he dicho que odio más cuando tiene que irse pro oblligación, nunca le he dicho que odio que me la quiten de las manos, nunca le he dicho que si he soñado bastante con ella. Nunca le he dicho que de los peores días de mi vida, su visita hizo que fuera el mejor de los peores. Al menos, mi tristeza no fue tan grande, mi desesperación no fue tan marcada. Ella me visitó, vino hacia mí y yo no pude tomarla como lo hubiese deseado. Me la han robado, sigo esperando su llamada, hoy en un viernes santo. La extraño. Se me ha perdido en el tiempo y en su mente, poco he podido hacer para recobrar su mirada. Ella aún me mueve cuando la huelo, siento derretir mis manos. Si cuelgo mi boca de su cuello, es imposible olvidar su sabor un par de sueños después. Es probable que ella me quiera, es probable que no como yo lo hago, es probable que ella si me quiera, es probable que yo lo haga de otra manera, es probable que ella me quiera así, es probable que yo la quiera menos de lo mucho que la amo. La extraño. Siento que me la están robando. No es mi propiedad, odio sentirme ignorado por sus cambios de tema, pero la extraño. Siento que me cuesta trabajo encontrarla. La extraño. La quiero tanto.

Ahora sólo espero. Intentando olvidar mi pesada memoria que juega con lo que siento, trato de olvidar su encanto, volverme invulnerable para no tenerla que extrañar tanto. Esperaré su llamada, puede no llegar, sólo escucharé Put Your Rabbit In Your Head Lights y dormiré. Intentando no soñar esta noche con ella. No quisiera hacerlo, preferiría tenerla. Ella es única, odio su extraordinaria forma de ser ordinariamente extraordinaria. Está mal que no pueda pensar cosas malas de ella, me convierte en un pequeño indefenso, digno de un apabullante ataque al corazón. Ella me matatá algún día. De dolor. De placer. De tristeza. De amor. De esperar su llamada, un viernes santo.

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