No quisiera subestimar ni sobreinterpretar este filme de Sebastían Cordero. El ritmo es extraño, parece nunca comenzar y de pronto en los últimos veinte minutos sube a todo lo que da, dejando una extraña sensación. Tal vez funcione, tal vez sea que el pánico no me lo dio el Monstruo de Babahoyos, sino la falta de tacto-responsabilidad del Manolo Bonilla(John Leguizamo) que toma la imagen de miles de reporteros amarillentos... los cuales mocos! nos utilizan... sí! NOS! para crear mitos y destruirlos. Léase, igual la sopreinterpreté y se trate de una pésima película de estereotipos y características mediaticas y regionale,s donde de méxico para abajo sólo hay personas viendo Telemundo y Total Impacto, quienes además aún continuamos con una barbarie de sistema de justicia y de además no se nos quita la maña de representar las cosas crudas con cámara en mano y movida, que asco.
Partiendo de la puesta en cámara, siempre ahí, cruda y mal lograda, por momentos bonita pero en la mayoría del tiempo muy estereotipada con una causa creo poco al caso como lo sería la veracidad. Tratase de un thriller de tinte spoliciacos que se adentra en la cabecita del pesonaje de Manolo Bonilla, quien poco a poco desenmascara a VInicio Cepeda (Damián Alcazar) y que a la vez realiza el mismo procedimiento con Bonilla, dejando entre ver que la barbarie tambíen la puede cometer él al intentar conseguir su objetivo vía la manipulación y un juego mediatico que termina por meterle el tiro por la culata. Tal vez funcione, tal vez funcione el guión pero en extemos se hacen innecesarias ciertas cosas, el peso principal recae en este Duo, pero no adquiere matices profundos, al contrario, su superficialidad remite a conseguir cosas para su alrededor(hijos-fans) y la supuesta ayuda de este periodista queda cuestionada en todo momento. El mamado reportero Iván (Jose María Yazpik) la hace del hyphanate poco consejero del Bonilla, su peso recae como el hilo conductor de los acontecimientos secundarios, algo así como el segudno al mando de la investigación y que no termina de aportar mucho. La productora hilipollas Marisa Iturbide (Leonor Watling) resulta un trago agridulce, claro, ella se encarga de cuestionarle al Bonilla lo que hace y de tratar de ponerle orden, en una medida más o menos decente se desarrolla hacia el interior y no con el entorno, tal y como se pintaba la historía. Puede que funcione pero me incomoda pensar que un filme que podría haber sido medio metraje funcione sólamente hacia el final y que en su principio tenga una escena de linchamiento que seguramente será censurada cuando salga en horario estelar en canal cinco. Ah claro! hablar del final, el último tiro, el del terror psicológico; si no lo ves te produce más miedo, en contra parte con el excelo de violencia que Iñárritu refería en un plano exáctamente igual. Un tiro abierto donde vemos una casa abandonada y escuchamos unos cuantos pugidos-gemidos del monstruo de Babahoyos! mocos! Final del filme... extraña sensación pero funcionó... innecesaria? tal vez, me parece que sí, lo tiñe de un amarillismo extraordinariamente irónico.
Sé que el buen Horacio diría que es una mierda, les puedo decir que es una mierda recomendable, por momentos buenas, por momentos malísima pero creo que finalmente funciona.. a ver de qué humor los agarra el monstruo de Babahoyos, del cual ya no mencioné que se le adquiere cierta empatía política-social.
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