No se trata del filme de Juan Claudio Van Damme del mismo nombre. Richard Donner (quien a la par suspiraba por la nostalgia de ver a su pequeño Superman de vuelta) regresa con una de vueltas de tuerca y un guión que asoma ciertas actitutes cosmopolitas y resistencia psicológica. Un filme bien negro, cuya línea de interés va subiendo y que en esencia podría compararse con la atmósfera conseguida por Joel Shumacher en Phone Booth (2002) pero que no alcanza intencionalmente esa claustrofóbia. Este road trip de Donner coloca al fracasado policía Jack Mosley (Bruce Willis) en una misión que contrasta inmediato de exageradamente fácil y que hace pensar al espectador que nada puede salir mal incluso para alguien tan acabado como este arquetipo de policía acabado. Bueno, tons Jack tiene que llevar al encarcelado Eddie Bunker (Mos Def) a la siguiente delegación, a tan sólo 16 cuadras de ahí. Pum! Policía crudo, borracho y con mala reputación llevando a un negrillo cualquiera.. qué podría pasar?... Pues claro! A este policía le llega el día de demostrarse que no es una mierda y se le ocurre salvar a su malechor y matar a unos merodeadores asesinos que intentaban matar al pobre de Eddie.
El punto de partida es interesante, un hombre renegado a terminar sus días como un recuerdo podrido. Un convicto de color que guarda un secreto y una libreta pastelera. Toda una organización policiaca-criminal puesta en jaque ante esta encrucijada mexicana. El plato está servido y el encañonamiento se pone al orden del día. Un ritmo marcado, con pausas para mostrar de buena manera el caracter de los personajes y marcar al enigmático arco de transforamción de Jack. El malo, osea Frank Nuget (David Morse) comanda la avanzada de diálogos de caracter entre Jack y el mismo Eddie; entre manos se le ve un plan macabro para acabar con algo que pone en peligro su carrera policiaca. Donner en sí, muestra a la ciudad de New York como ese escenario multicultural que a raiz de ciertos atentados ha estrechado lazos para defender convicciones propias y no dejarse manipular por la media, el ejemplo se demuestra en la secuencia del "secuestro" del bus. En dicha secuencia, se llega a pensar que al más puro estilo de Spider-Man 2 (Raimi, 2002) los ciudadanos ayudarían al estereotipado criminal negro a salir del problema, pero no! Eddie remide este estereotipo mostrando un lado más tierno, empatando con una pequeña niña y haciendo referencia siempre a sus pastele.
Eddie coloca en la línea argumental la reflexión de qué hacer cuando se viaja en un autobus enmedio de una tormenta, en la parada hay tres personas y sólo hay lugar para una, en ella se encuentra tu mejor amigo, una anciana moribunda y la mujer de tus sueños. Dicho dilema es contestado vía acciones por Jack, quien con ayuda de su cruda y su pierna mala realiza una reflexión final en el bus al quedarse solo. PEro Eddie regresa por él y el plan final es ejecutado. Jack con ayuda de su esposa Diane Mosley (Jenna Stern) tiende la trampa y junto con Donner cierra falsos elementos como la grabadora usada para la propia confesión de Jack, dando guiros de tuerca usándola más adelante al grabar la confesión de Frank. Y pues bien, Jack le echa la mano al Eddie para que escape; el propio Jack se redime entregándose como testigo de un acto de corrupción mayor y cumple su condena, cerrándose el arco dos años después cuando recibe el pastel prometito por Eddi desde el incidente del camión. Eddie y JAck pasteleros!!!
Donner bien, quisá no tan trepidante pero una pieza decente. Y claro, vas en el bus y te bajas, le cedes el lugar a tu amigo para que lleve a la anciana al hospital más cercano. Y tú te quedas con la chica que te trae echando la baba y mueres con ella en un tierno abrazo que conjugará tu energía con ella... Y Jack escogió bajarse del bus para que el Eddie rehiciera su vida llevando a su viejita-librito pastelero a otro lado. Jack tomó la tormenta por los cuerno y se quedó con el amor de su vida. Nice.
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